Sucede a veces que el recuerdo de cosas lejanas es tan fresco que se percibe como algo que pudo haber sucedido ayer. Sin embargo lo que realmente sucedió ayer está envuelto en un manto nebuloso y confuso, que incluso obliga a preguntarse “¿lo hice o no lo hice?”. Esta es una de las preguntas más frecuentes que personas que experimentan lo que se ha dado en llamar “Deterioro Cognitivo Leve” llevan a una consulta con el neurólogo, el psiquiatra, y en ocasiones el médico clínico o de cabecera.
Estos olvidos se centran alrededor de eventos o situaciones recientes, datos específicos sobre una tarea que debía realizarse o que tal vez ya se hizo, conversaciones, situaciones de la vida cotidiana como llamados telefónicos, pago de servicios, tareas domésticas, compras, etc. No faltará también olvidarse la pava en el fuego, llamar a un amigo o familiar al que se le ha dicho “enseguida te llamo”, e incluso llegar al punto de estar yendo a algún lugar (dentro o fuera del hogar) y de repente no saber bien adonde, a qué o para qué estaba yendo allí.
Sin duda que todos estos olvidos provocan pensamientos preocupantes seguidos de reacciones emocionales que van desde la impotencia, pasando por la angustia y llegando hasta la mismísima bronca. Esa sensación de impotencia puede darse cuando uno “tiene en la punta de la lengua” lo que quiere decir o acordarse, o bien cuando sabe que debería acordarse de algo pero cierto barullo mental se lo impide. La angustia ocurre cuando la necesidad por tener a mano datos mentales simples y necesarios se ve tajantemente coartada por estos olvidos. La mente parece estar en blanco. Lo que hice hace un rato se borró... ¿o tal vez no lo hice? La bronca aparece casi de manera lógica al verse enfrentado con un posible deterioro de una de las funciones de las cuales más dependemos: la memoria.
Tal vez no nos demos cuenta de cuanto dependemos de la memoria hasta que se suceden los olvidos. Comienzan a aparecer baches en nuestra historia reciente, lo cual hace que la continuidad del día se vea alterada, puesto que lo que se planifica a futuro necesita tener noción de haber realizado el paso anterior en el pasado.
El Deterioro Cognitivo Leve es una entidad que se caracteriza por una alteración exclusiva en la memoria. Esto implica que otras funciones psicológicas básicas como la atención y la percepción permanecen intactas. La alteración de la memoria se da casi invariablemente para hechos recientes, conservando el recuerdo de hechos remotos.
Los científicos apuntan a una hipótesis de desconexión neuronal. Esta se produciría por la excesiva acumulación de las llamadas Placas Amiloides formadas por proteínas degenerativas que se depositan en el cerebro. Las placas amiloides incentivan la pérdida de neuronas y actúan a modo de “piquete neuronal” interrumpiendo la comunicación entre neurona y neurona. Esta comunicación se da a nivel neuroquímico y es en este nivel en donde se relacionan los eventos y la información que se va almacenando en distintas áreas del cerebro.
Almacenar información y conectarla para darle luego un sentido es lo que se conoce como Aprendizaje. Si la comunicación falla entre distintas áreas del cerebro, principalmente aquellas responsables de almacenar el recuerdo, la recolección de esa información estará perdida. Esto implica que no existe aprendizaje de gran parte de la información nueva que procesa el cerebro.
Llevado a la vida cotidiana, el panadero nos dice que lo llamemos en media hora para arreglar la cuenta y la hora de envío por la compra de 3 docenas de facturas y medio kilo de masas secas para el cumpleaños de nuestra pareja. No sólo que me olvido de llamar al panadero, sino que si llego a recordarlo lo llamo mucho más tarde, no estoy muy seguro de cuantas docenas le pedí, o si era un kilo o medio o uno y medio de masas... secas o de las otras. El piquete neuronal impidió la comunicación química que lleva información entre neurona y neurona por lo cual no existió aprendizaje de esa información.
El Deterioro Cognitivo Leve afecta por lo general a personas mayores de 55 años y se estipula que alrededor del 80% desarrollará la Enfermedad Alzheimer dentro de los 10 años de inicio de los síntomas. La enfermedad de Alzheimer, a diferencia del Deterioro Cognitivo Leve, presenta dificultades en más áreas que la de la memoria: el lenguaje, la atención, el desenvolvimiento en tareas de la vida cotidiana, la toma de decisiones, etc.
La detección temprana del Deterioro Cognitivo Leve puede prevenir el advenimiento de la Enfermedad de Alzheimer y con el tratamiento adecuado, retrasarlo al menos 2 años.
La detección del Deterioro Cognitivo Leve se realiza a través de la consulta con el neurólogo o el psiquiatra. La metodología más efectiva de detección es a través de los Tests Neuropsicológicos, generalmente administrados por psicólogos calificados. Estos tests están diseñados para medir el deterioro de la memoria y el tipo de memoria afectada.
Existen además métodos complementarios como la Resonancia Magnética Nuclear que ayudan a detectar anomalías degenerativas en regiones del cerebro como el Hipocampo y la Corteza Cerebral, y más recientemente la Espectroscopía que mide las concentraciones de ciertos metabolitos normales cerebrales, como son la colina, creatina y el n-acetil aspartato. Este último se encuentra disminuido en regiones como el Hipocampo.
La Resonancia Magnética Funcional es un procedimiento no invasivo que utiliza tests neuropsicológicos para observar la activación de distintas áreas cerebrales involucradas en los procesos de memoria, atención y lenguaje.
En la actualidad existen tratamientos farmacológicos para el Deterioro Cognitivo leve, y además tratamientos de rehabilitación neurocognitiva, basados en la ejercitación activa de los procesos de memoria y atención.
Es importante consultar con un especialista cuando los síntomas aparecen o son notorios para uno mismo, o para quienes lo rodean. Esto puede prevenir futuros cuadros de mayor complejidad. |