La fisura anal es una patología no tan frecuente como las hemorroides, pero también predominante en la población de Occidente.
Ello se debe a:
1º) Ingestión excesiva de carnes rojas, acompañada de condimentos irritantes del tubo digestivo: picantes, salsas, pimientos; embutidos, hamburguesas, salchichas, etc. Lo que popularmente se denomina “comida chatarra”.
2º) Dieta escasa en fibras y verduras.
3º) Ritmo de comidas desordenado, por la vida agitada de la gran ciudad.
4º) Finalmente la causa más frecuente es la constipación crónica no debidamente estudiada.
Se presenta en forma aguda y brusca, o intermitente, llevando a la fisura a la cronicidad.
El síntoma que predomina es el dolor anal con características típicas casi siempre, permitiendo al especialista deducir el origen con sólo escuchar la descripción del paciente: aparece durante la evacuación o inmediatamente al finalizarla, leve, que dura pocos minutos, para luego reaparecer con mayor intensidad, cediendo totalmente más de una hora después (ritmo de Bacon).
Otro signo aunque no tan frecuente es notar gotas o rastros de sangre al higienizarse o manchar la ropa interior. Ambas situaciones llevan al paciente preocupado, a la consulta médica.
Como ya lo hemos indicado en otras oportunidades, el examen clínico debe ser precedido por un cuidadoso interrogatorio, en especial de sus antecedentes, tiempo de aparición de los síntomas, actividad laboral, tipo de alimentación y ritmo evacuatorio.
El examen debe ser completo, en especial la región anal mediante la inspección, palpación y tacto rectal digital hecho con suavidad.
Siempre debe completarse con el pedido de análisis de rutina, y si tiene más de 40 años, en posteriores consultas y desaparecido el dolor, agregar estudios radiológicos o endoscópicos.
Resumiendo, se trata de una patología, relacionada en especial con constipación crónica, de aparición brusca y síntomas molestos, que inducen rápidamente recurrir al médico especialista. La tranquilidad de que se trata de una enfermedad estrictamente benigna debe llevar al tratamiento correcto y control correspondiente hasta conseguir su curación definitiva.
TRATAMIENTO
A) Tratamiento médico:
1. Analgésicos fraccionados, hasta desaparecer el dolor.
2. Baños de asiento 2 veces por día.
3. Laxantes, en comprimidos o suspensión después de cenar.
4. Cremas o pomadas anestésicas, cicatrizantes y descon-gestivas.
5. Dieta: carnes rojas (no frecuentemente) y blancas (pescado, pollo) cocidas al horno, plancha o parrilla, tratando de usar leña en lugar de carbón. Verduras de hoja o de fibras (lechuga, rúcula, soja, chaucha, espárrago, palmito, brócoli, etc.). Salvado: harina, pan o galletas. Pastas en general con aceite, salsa blanca o de tomate. Frutas de estación: manzana, pera, durazno, uva, kiwi, banana, etc. Bebidas: agua mineral o saborizada sin gas, jugos, vinos o bebida blanca con moderación. Café, mate o té.
B) Tratamiento quirúrgico:
Se deja como último recurso si la cronicidad de la fisura lo justifica, con síntomas molestos que hacen intolerable la vida diaria.
Requiere internación ambulatoria breve de pocas horas, o a veces hasta el día siguiente, para continuar su evolución por Consultorio Externo, sin necesidad de reposo obligado. |