La influenza (gripe) es una enfermedad febril aguda, habitualmente autolimitada, causada por la infección por virus influenza tipo A y B, que aparece en brotes de gravedad variable en todos los inviernos.
Las manifestaciones clínicas mas frecuentes son fiebre, dolores musculares y tos, pero puede producir síndromes clínicos similares a los de la infección por otros virus respiratorios como resfríos comunes, faringitis, bronquiolitis o neumonía. La característica importante de la influenza es su naturaleza epidémica y su mortalidad, que resulta en parte de sus complicaciones pulmonares.
¿Cómo se transmite?
La transmisión es de persona a persona, se presentan grandes cantidades del virus en las secreciones respiratorias de las personas infectadas y se dispersan en los aerosoles de partículas pequeñas creados por el estornudo, la tos y la conversación.
¿Cuáles son los síntomas?
La “gripe” clásica tiene un período de incubación de 1-2 días. Comienza con fiebre, sensación de frío o escalofríos, cefaleas, mialgias (dolores musculares), malestar general, anorexia, tos seca y secreción nasal. En algunos casos podemos encontrar lagrimeo y ardor en los ojos, disfonía y una fauce seca o dolorosa. Estos síntomas suelen durar 3 días, y permanecer hasta 4 a 8 días.
En los ancianos pueden presentarse simplemente con fiebre alta, debilidad y confusión sin los síntomas respiratorios.
¿Cuál es su tratamiento?
Los pacientes febriles con enfermedad aguda deben estar en reposo en cama e ingerir abundante líquido; antipiréticos para reducir la fiebre; aerosoles o gotas nasales para mejorar la obstrucción nasal y para la tos vaporización de agua fría o jarabe antitusivo.
¿Cómo se previene?
Las vacunas reducen la frecuencia de enfermedad grave y sus complicaciones en mayor grado que la frecuencia de infección, tanto en adultos jóvenes como en ancianos.
Se demostró que el uso de la vacuna tiene un efecto beneficioso sobre la reducción de los ingresos hospitalarios asociados con la infección por el virus influenza A o B.
Las vacunas tienen efectos colaterales mínimos, el 25% a 50% de los receptores de las vacunas sienten cierto malestar en el sitio de la inyección dentro de las 8 a 24 horas después de la vacunación y un 1% a 2% pueden desarrollar fiebre u otras reacciones sistémicas que son menos frecuentes en las personas ancianas y más comunes en los niños pequeños.
Deben aplicarse en otoño antes de los primeros fríos.
Pueden administrarse simultáneamente con otras vacunas actualmente en uso, pero deben ser aplicadas en sitios diferentes.
El efecto protector aparece dentro de las 2 a 3 semanas después de la vacunación y persiste durante 6 a 12 meses.
¿A quiénes recomendamos el uso de la vacuna? Individuos con riesgo elevado de desarrollar complicaciones relacionadas con la influenza.
Personas de 65 años o mayores.
Residentes en asilos.
Centros de asistencia crónica que albergan a personas de cualquier edad con trastornos médicos crónicos.
Los adultos y niños con trastornos crónicos de los sistemas pulmonar o cardiovascular, incluidos los niños con asma, etc.
Individuos que pueden transmitir la influenza a personas de alto riesgo.
Médicos, enfermeros y otros miembros del personal de hospitales y centros de asistencia ambulatoria,
Los empleados de asilos y centros de asistencia crónica que tienen contacto con pacientes o residentes.
El embarazo en una situación especial. Se recomienda que las mujeres embarazadas con enfermedades crónicas reciban vacunas contra la influenza, mientras que otras embarazadas sanas no deben recibirla.
Se recomienda: -Lavarse frecuentemente las manos con jabón.
-Cubrirse la boca y nariz al estornudar o toser.
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Abrigarse para evitar los cambios bruscos de temperatura.Ante los primeros síntomas de la gripe evitar la automedicación, permanecer en reposo tomando abundante líquido y consultar a su médico.