La industria farmacéutica ha logrado un aporte científico importantísimo en la fabricación de medicamentos que curan enfermedades, que alivian otras y que salvan vidas de muchísimas personas. Pero nos encontramos en estos días bombardeados desde los medios de comunicación masiva por publicidades sobre medicamentos como si estuvieran promocionando un tomate enlatado o un salamín sabroso, y generan la fantasía de que hay un remedio para cada dolencia al alcance de la mano de todas las personas, aunque en letras muy chiquitas diga: consulte a su médico. Es una peligrosa inducción a la automedicación con consecuencias inversas al bien que se procura dar. Hoy en día el consumo de tranquilizantes y drogas psicotrópicas es una de las mayores adicciones que padece la sociedad con la investidura de legal. Lo mismo pasa con los medicamentos y tratamientos para deficiencias sexuales.
El lanzamiento del Viagra, la droga para revertir la impotencia masculina, tuvo una repercusión importante en toda la prensa. Mucho se discutió sobre la conveniencia de su uso y sus efectos colaterales; se brindaron cifras de consumo en todos los países y de muertes que provocó. Pero el Viagra no abrió un debate sobre la sexualidad en nuestros días, marcada por el SIDA, fantasma que ha hecho retrotraer los intercambios sexuales a una época que creíamos superada. En los sesenta, con la aparición de los anticonceptivos orales, se instaló en la cultura una gran discusión que puso bajo el microscopio la sexualidad de aquellos días, ya que más allá de los beneficios o perjuicios de “la píldora”, el debate no giraba en torno al control de la natalidad que tanto le interesaba a los países centrales, sino sobre la premeditación de la mujer al acto sexual.
El ideal femenino (tanto para la mujer como para el hombre) de la primera mitad del siglo pasado fue la mujer carente de deseo, pero el tabú de la virginidad, que juntamente con la exogamia y la monogamia habían regulado las relaciones sexuales en Occidente, cayó en desuso luego de los años 50. El orgasmo femenino se instala en el coito como algo saludable y normal, pero también como una exigencia, tanto para la mujer como para el varón. Muchas de las demandas de análisis de esos años tenían que ver con este aspecto del coito, llegando en algunos casos a supeditar todo el placer de la pareja a la obtención del éxtasis femenino. Una mujer virtuosa hasta ese momento, se convertía en frígida. Un varón, rápido en el coito, que molestaba poco a su virtuosa mujer, se convertía en eyaculador precoz e impotente. Una pareja que decidía llegar virgen al matrimonio era reprimida y antigua. “La píldora” se instala en ese cambio de significaciones por el cual atravesaba la cultura.
La farmacología ocupa espacios de acuerdo con los momentos que atraviesa la cultura, y puede cambiar, más allá de las propiedades de sus productos, adecuando los mismos a las expectativas sociales o generando nuevas demandas. El ideal social es hoy en día la eficacia (con el menor esfuerzo e inversión, mayor ganancia) y allí se enmarca el Viagra, garantizando un coito eficiente para el varón y felicidad de la mujer.
El descubrimiento freudiano de la sexualidad infantil, a fines del siglo XIX y comienzos del XX produjo también un fuerte debate, (pero sólo dentro de las sociedades científicas, dado que los medios de comunicación no tenían el alcance de hoy) acorde a la revolución que esto provocaba y que tuvo su influencia en la cultura a mitad del siglo pasado, por ejemplo dejando de satanizar la masturbación, los juegos sexuales infantiles y la importancia de dar información sexual a los niños, aunque hoy algunos sectores retrógrados sigan discutiendo sobre la conveniencia de la educación sexual.
Al psicoanálisis, fundado en el estudio y tratamiento de las consecuencias de la represión sexual, se le cuestiona tener terapias largas que en estos tiempos no serían eficientes. Al respecto, Freud escribió en 1913: “En general, no puede esperarse de nadie que levante con los dedos una pesada mesa como podría levantar un ligero escabel, ni que construya una casa de siete pisos en el mismo tiempo que una choza; pero cuando se tata de neurosis hasta las personas más inteligentes olvidan la proporcionalidad necesaria entre el tiempo, el trabajo y el resultado... Un enfermo al que, siguiendo sus deseos hubiéramos libertado de un síntoma intolerable podría experimentar a poco la dolorosa sorpresa de ver intensificarse a su vez, hasta lo intolerable, otro síntoma distinto benigno hasta entonces”.
En mis casi 40 años de experiencia como psicoanlista he podido comprobar que cuando una inhibición o un síntoma se instala en el psiquismo y/o en el cuerpo del ser humano es porque allí hay un conflicto reprimido, que no es consciente, seguramente peor que el síntoma mismo, y si suprimimos ese síntoma el mismo se desplazará a otra área del sujeto. Suprimimos la inhibición sexual pero aumenta la angustia, por ejemplo, con lo cual tampoco tendrá ganas de tener relaciones. Por lo tanto el trabajo es descubrir cual es el conflicto y elaborarlo. La eficacia del tratamiento psicoanalítico no está en el monto de la inversión, ni en la rapidez de la recuperación sino en la cura del conflicto. Son dos modelos opuestos de eficacia.
En los últimos tiempos hemos comprobado que han aumentado las consultas de pacientes varones por trastornos de angustia y ansiedad, que han resuelto el problema de su impotencia con medicación.
No nos oponemos indiscriminadamente al uso adecuado de cualquier medicación. Todo lo contrario, proponemos el uso racional de las mismas.
Es necesario hacer un diagnóstico diferencial sobre causas orgánicas, efectos secundarios de algunas medicaciones, efectos post-quirúrgicos de las inhibiciones sexuales y aquellos que provienen de conflictos psicológicos. En muchas oportunidades tenemos que alentar a pacientes para que no se resistan a tomar la medicación, indicada por su médico, que lo ayudaría a conseguir mejores actos sexuales, dado que el problema es producto de cuestiones orgánicas.
La verdadera eficacia está dada cuando los profesionales le ofrecemos al paciente equipos interdisciplinarios que pueden hacer evaluaciones y diagnósticos diferenciales en conjunto, sin competir absurdamente entre sí.
*Miembro del consejo de redacción de la revista Topia –Psicoanálisis, Sociedad y Cultura.