Marcos, Juan y Teresa eran tres amigos que vivían uno al lado del otro, y se la pasaban jugando de casa en casa, desde que llegaban del colegio hasta que se hacía de noche.
Cuando querían jugar a la pelota iban a lo de Marcos, porque tenía el patio más grande. A la hora de la merienda iban a lo de Tere, porque su abuela cocinaba las galletitas más ricas. Si tenían ganas de dibujar iban a lo de Juan, porque su mamá era pintora y les prestaba todos sus pinceles y acuarelas. Así se la pasaban yendo y viniendo todo el día ¡no se aburrían ni un segundo!
Un día, el papá de Marcos tuvo que viajar, y cuando volvió trajo de su viaje una computadora. ¡Marcos no lo podía creer! Era lo que siempre había soñado, y ahora lo tenía en su casa. Lo primero que hizo cuando la vio fue llamar a Tere y a Juan. Ellos tampoco podían creer que Marcos tuviera una computadora en su propia casa, igual a las que usaban en el colegio. Marcos les contaba todo lo que iba a hacer con la nueva computadora, que iba a tener Internet y un montón de jueguitos para divertirse.
Juan y Tere estaban muy contentos de que su amigo tuviera lo que tanto había querido, pero después de estar con la computadora durante un rato, mirando cómo Marcos la usaba, ellos se empezaron a aburrir. Juan propuso que vayan a su casa a dibujar, pero Marcos prefirió quedarse con la compu, y los chicos se fueron solos.
Más tarde, volvieron a buscarlo para ir a comer galletitas de la abuela a lo de Tere, pero Marcos seguía con la máquina así que tampoco quiso ir.
Al día siguiente, cuando volvían de la escuela, Juan le dijo a Marcos si podían jugar a la pelota en su casa. Marcos le dijo que les prestaba su pelota y su patio, pero que él no iba a jugar, porque tenía mucho que hacer con su nueva computadora.
Cuando el papá de Marcos llegó ese día del trabajo, se encontró con Tere y Juan jugando solos en su patio. Muy asombrado les preguntó por Marcos: “¿le pasó algo? ¿se siente mal? ¿están peleados?“. Los chicos, un poco tristes, le contestaron que desde que había una computadora en su casa, Marcos ya no quería jugar con ellos, prefería estar todo el tiempo jugando con la máquina. El papá no lo podía creer. Él nunca pensó que Marcos dejaría de estar con sus amigos por jugar con la computadora. Inmediatamente fue a hablar con su hijo. Le explicó que la computadora es algo muy útil, que sirve para muchísimas cosas, pero que de ninguna manera una máquina puede reemplazar a los amigos de verdad. Le hizo entender que compartir un momento con los amigos que uno quiere es mucho más lindo y divertido, y que la computadora sirve para los momentos en que uno está solo en su casa, o como la usan los más grandes, para trabajar.
Marcos se fue a su cuarto muy enojado y se puso a llorar. Tenía mucha bronca con su papá. Juan y Tere, desde el patio, escucharon los gritos de Marcos y se les ocurrió una idea para que se calmara: Tere fue a su casa y buscó un frasco lleno de galletitas que había hecho su abuela; Juan agarró un montón de pinceles y acuarelas de su mamá, y llevaron todo junto a la habitación de Marcos. Cuando él los vio, se puso tan contento que dejó de llorar al instante, y entonces se dio cuenta de que esos eran amigos de verdad ¡y que valía la pena tenerlos!
Así siguieron los tres amigos, como siempre, jugando de casa en casa todas las tardes. Solo a la noche, antes de dormir, Marcos juega un ratito con la computadora de su papá. |