“Cuidarás tu presentación todos los días”. Viste bien, arréglate como si fueras a una fiesta: ¡Qué más fiesta que la vida!
“No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación”. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo, el agua estancada se pudre, y la máquina inmóvil se enmohece.
“Amarás el ejercicio como a tí mismo”. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de la casa. Contra inercia, diligencia.
“Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado”. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrando. No. Que la gente diga un piropo cuando pases.
“No hablarás de la vejez, ni te quejarás de tus achaques”.
Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que realmente estás. Y te harán el vacío, nadie quiere oír historias de hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
“Cultívate en el optimismo sobre todas las cosas”. Al mal tiempo buena cara, sé positivo en tus juicios, de buen humor en tus palabras, siempre de rostro alegre, amable en los ademanes.
Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es una cuestión de años, sino de estado de ánimo.
“Tratarás de ser útil a tí mismo y a los demás”. No eres ni un parásito ni una rama desgajada, voluntariamente del árbol de la vida. Bastante hasta donde le sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, con un servicio.
“Trabajarás con tus manos y tu mente”. El trabajo es la terapia infalible, cualquier actitud laboral, intelectual, artística… es medicina para todos los males, la bendición del trabajo.
(Hogar del compañero-Parroquia Santa Irene. Madrid-España)
Miguel A. Zabala
L.E. 5.315.309
Asociado Nº 9805
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