Rincón Literario
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Alianza

Es un hermoso día soleado, comienzo de primavera, por esas callecitas de San Telmo curiosa e inquieta como siempre.
Celeste va caminando y mirando placas, recordando algún poeta o patriota nacido allí o que vivió, contemplando frentes de casas antiguas, restaurantes de moda. Es así que decide pasar por el centenario Mercado San Telmo, años atrás, lleno de puesteros con mercadería de todo tipo, peones de matarifes cargando en sus espaldas medias reses, señoras llevando sus changuitos. Desde hace unos años, con el auge del turismo, devenido en Mercado de Antigüedades. -¿De dónde salen tantas cosas?- se pregunta ella.
Entró y saludó a su ex y antiguo carnicero por más de veinticinco años, ¡hace tanto que no lo ve! Él no dejó su puesto porque es un personaje, se aggiornó. Su hijo también trabaja en el puesto mientras él hace relaciones públicas, si hasta va los domingos con su siempre blanco delantal y los turistas extranjeros le sacan fotos al lado de la carne, ya que en Europa y buena parte de América eso casi no se ve; la mayoría de los carniceros son mujeres y se troza la carne con cuchilla tipo machete.
Celeste recordó que una amiga y Alejandro cumplían años el mismo día. Había sido antes de ayer. ¡Por tantos años los había saludado!
Después de comentar acerca de las familias, Alejandro la invitó a tomar un café, ahí mismo en el Mercado. Mientras hablaban, a Celeste le llamó la atención su anillo y le dijo: “¡Qué lindo es!”. En ese momento recordó algo y le preguntó: - ¿Te acordás, Alejandro, hace muchos años te vi varias veces comprarle a personas que por necesidad vendían cosas… qué hacías con ellas?-. –Algunas me las quedaba si me interesaban, otras las vendía-… -¿Recordás también que por necesidad, y para desprenderme de algo que ya no quería tener, te di mi alianza para que la vendieras? La pulsera de mi primer aniversario no me decidí, y todavía la tengo, no sabía dónde ir y vos eras de confianza-.
Alejandro, mirándola con ternura y ojos húmedos le dijo: -todavía la tengo-. Celeste, asombrada, le preguntó: ¿Cómo? ¡Si me diste el dinero por la venta!
-Sabes Celeste, no podía venderla, siempre estuve enamorado de vos…

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