Buscando en el arcón que estaba escondido en la buhardilla de la casa del abuelo, encontramos una foto suya de cuando era joven. Igual al que recordábamos pero sin la barba blanca.
¡Viejo tonto! Se fue de nuestro lado de un día para otro. Éramos tan chicos que no comprendimos su ausencia, no presentimos su fin y lo lloramos pensando que nos había abandonado para iniciar otros de sus viajes por el mundo.
Hoy, pasado el tiempo, lo vemos aún sentado en el rincón mas caliente de la cocina, relatándonos su vida de héroe.
Los nietos, acurrucados a su lado escuchábamos casi sin respirar, y cuando decía ¡basta! era la hora de irnos a dormir. Los siete le hacíamos caso pero todos soñábamos con nuestro valiente y arriesgado abuelo.
Para nosotros, él lo sabía todo y todo le creíamos. Nos decía que había llegado a la punta de las pirámides de Egipto; que había subido a lo alto del Faro de Alejandría y hasta le había puesto un gorro al Coloso de Rodas. Esto es lo que más nos gustaba y se lo hacíamos repetir una y otra vez.
Nos dijo que había sido capitán de barco, y dado varias veces la vuelta al mundo, conociendo los canales de Venecia y los jardines colgantes de Babilonia, todo entremezclado con sus correrías por las calles de Montmartre.
Cuando fuimos grandes nos enteramos que jamás había sido capitán y que nunca había salido de su tierra vasca; solo lo hizo para venir a América con su esposa quinceañera, mi abuela.
No supimos que añoraba los paisajes y las romerías de Guipúzcoa.
En nosotros dejó la ilusión de una vida plena de aventuras que nos envolvía con su voz cálida, como si fuera una manta que calentaba en invierno. Nos ayudó a crecer haciendo feliz nuestra infancia y abonando nuestra imaginación.
Habiéndolo conocido en su faz de cuentista, seguro que allí arriba pintará con su verbo, alguna otra maravilla que la muerte no le dio tiempo a contarnos.
El héroe quedó por siempre y nada nos hará vencer ese recuerdo. Eso sí, entre todos los nietos, a la foto le pintamos una barba blanca y ahí sí estuvo de nuevo con nosotros, como antes y para siempre.
|