Mi muñeca era rubia
Con hermosos bucles
Tan preciosa lucía….
En mis brazos,
Sólo un rato la tuve.
Manos crueles
Me la arrebataron…
Pensaron quizás, que no la merecía
Por ser pobre y huérfana
Y nadie me defendía.
Su vestido era blanco
Con cintas adornado
Con sombrero muy grande
Y zapatos de raso.
Con mis pequeñas manos
La abracé y la tuve a mi lado.
Me la quitaron, a mi muñequita rubia
Y mi corazón se rompió en pedazos.
Una noble y bondadosa dama
Me la había obsequiado
Quizás penso ¡qué feliz!
La muñeca me haría,
Nunca supo que solo
Un momento la había acariciado.
Sentada en el armario…
De las nenas mas ricas, ahí estaba
Mi muñeca muy triste
Desde allí me miraba,
Parecía decirme
Cuánto me amaba.
Y desde ese día, a escondidas,
Iba a mirarla.
Y con mis ojos la acariciaba.
Qué hermosa era mi muñequita rubia…
Y me la quitaron…
Este escrito, que no sé cómo llamarlo, si poesía o prosa o relato, es para mis hijos y nietos. Esto pasó en el año 1942 cuando mi hermana Margarita y yo estábamos pupilas, por ser huérfanas, en el “Hogar Jesús y los Niños” de Carlos Casares.
La muñeca me la regaló el día de nuestra confirmación la Sra. De Solici, que era nuestra madrina. Las hermanas a cargo del hogar nos la quitaron y pusieron en el armario del Jardín de Infantes al que asistían niñas que pagaban y no eran huérfanas.
Una reflexión para mis nietos: amen mucho a sus padres y agradezcan todo lo hermoso del hogar que tienen y valoren lo que DIOS les dio.
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