Hoy cometí el desatino
de pedirle un beso
me miró azorada
y burlona
Se alejó unos pasos
y regresó a mi lado
hecha silencio
mimosa y caprichosa
mezquina de sonrisas y caricias
hasta casquivana.
Se alejaba trotando a los saltitos
potrilla recién parida
sin haber aprendido a caminar
regresaba a los soplidos
tal si soportara el sacrificio
de no mostrarme su desprecio
Repentinamente
se sentó en el cordón de la vereda
dibujando un corazón con sus dedos
con su inicial y no la mía, en el medio.
Hoy cometí el desatino
de pedirle…
y de sus ojos negros
tan negros como la noche
que se cernía en mi corazón
brotó una sonrisa lastimera
me abrazó
tal si fuera su padre
y nos perdimos
en una calle sin sueños. |