Rincón Literario
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¡Nadie podrá!

Lejos de casa nuevamente, con el corazón unido a otro, dándose otra oportunidad de espera a tanta pasión, para un vivir placentero y sin obstáculos. Añorando a una amistad y, pensando por ella de no verla junto a su familia.
Tal vez alguna pena encontrada en algún rincón, quiere salir como brotes primaverales, en el frío mes de Mayo.
Mayo, nombre de un gran perro, como personaje de una novela ¡jamás olvidada y siembre recordada!
En el tiempo, un hombre y una mujer unidos al unísono de su propio lenguaje, y de un mismo linaje de amor, gritando al mundo la pasión, el perdón y el dolor.
Quien pudiera volver las horas atrás, detenerlo en un piquete al reloj que con su ritmo acompasado nos detiene la sangre, el llanto y el flujo de la correntada de vida.
Quien pudiera golpear las puertas como el viento enojado de tanto llanto, rabia y vanidad para poder pedir de rodillas, buscando el perdón, el amor y la pasión.
Sentiré tal vez, el desconsuelo, la locura alguna vez en el hospicio de esta vida sellada por la crítica y la tentación; entonces mis lagrimas llegarán a tu corazón de hombre, honesto y bondadoso.
Tan solo por amarte y por estar a la otra orilla de este camino pedregoso y gastado; pero solo tú y yo sabemos que no nos abandonaremos a pesar de este río caudaloso con esas piedras egoístas que entorpecen nuestro caminar.
Entonces construiré un barco y pondré en ele la libertad de nuestras vidas y de nuestros cuerpos hasta quedar sin aliento.
Sin nadie a nuestro lado que se oponga a la luz como una bujía encendida en el espacio.
Y gritare que somos uno para otro, pero jamás nos separaremos, aunque hablen de nosotros que huimos del tiempo y de la dimensión, porque nada ni nadie nos leerá, ni siquiera el pensamiento, ni sentirá el calor intenso de una tarde de vera, el fuero ardiendo de nuestra pasión.

Mayo: nombre del perro de la famosa novela “María”, del escritor Jorge Isaac.

Mercedes Yolanda Farías
DNI. 11.539.871
Asociada Nº 3853

 
La Casa

“Los únicos sobrevivientes”
Mientras mis pasos avanzaban por el breve pasillo que hacía de descanso, no esperaba tal sorpresa aquel día, pero ya estaba allí, me saludó con el alma y yo con mi corazón.
Estaba en casa y mi ser se llenó de alegría y justicia, porque mi derecho estaba allí.
Entonces recordé aquel espacio verde al que alguna vez todos queremos estar para llenar nuestro espíritu de paz y libertad.
Me vi envuelta con el manto de protección, comprensión. Y me di cuenta que me aceptaba a pesar que había huido muy lejos, casi al otro lado del abismo.
Sentía volver al agua como aquel pez que se mantuvo tanto tiempo alejado de ella.
Sobreviviendo en disconformidad con todo alrededor. Y el viento golpeaba el póstigo de aquel pasillo y mi rostro se despabilaba a tal sorpresa, que siempre llegaron a mi vida para darme la mano de huérfana errante, y sacarme del fondo del abismo tenebroso, loco, que creía no saldría jamás.Mi ángel se acordó de mí y me llevó hasta la casa que tanto amé en mis sueños.
A esa casa con pasado, historias de familias de amores y desencuentros, con misterios y orgullos.
Vestida con un trajecito verde oliva y zapatos color tostado al igual que las medias. El cabello bien peinado, pulcro; y mi rostro incrédulo a estos acontecimientos.
Con el semblante severo, me invitó a sentarme en una majestuosa silla de color marrón oscura, al igual que las otras que estaban alrededor de la mesa señorial, revestida de un mantel puntilloso, al centro un florero con flores artificiales.
Hacia mi izquierda un gran ventanal y al costado un mueble vitrina con numerosos adornos – recuerdos de casamientos, bautismos y cumpleaños; juegos de cafés y numerosos portarretratos.
Hacia arriba de la misma un retrato color sepia pertenecía a la hermana mayor, todo de plata con arabescos que lo hacía importante.
A la derecha una gran cómoda flanqueada a los costados cuadros de naturaleza muerta y otro pintado en vidrio un gran lago con una ave que parecía un flamenco rosado.
Y hoy la casa de la infancia nos saluda con sus espíritus, esperando de nosotros, el amor, el odio y el orgullo.
Sentado a mi izquierda con aseo se mostraba como un joven tenaz, inteligente y dispuesto a contar sus intensos sueños. Quizás a esa hora el mundo seguía dando vueltas, siguiendo sus movimientos al compás del universo. Pero en aquellos instantes a nosotros se nos detuvo el tiempo.
Y nuestras memorias nos llevan al orgullo, al rencor y al exilio. Nos echan del paraíso del amor; de libertad y la paz.
Y soñamos con ser los únicos sobrevivientes.

Mercedes Yolanda Farías
DNI. 11.539.871
Asociada Nº 3853

 
Camino a la troja

Resultaba tan placentero y conmovedor cuando nuestro padre hacía los preparativos para ir a la casa de los abuelos paternos, a un lugar distante de la ciudad; un paraje llamado: LA TROJA.
Mi hermano Ernesto y yo, aquella noche se nos hacía interminable porque a la mañana muy temprano estaba todo listo para emprender el viaje.
Íbamos camino a la Troja, lindero a las Higuerillas, donde aquel héroe gaucho, que defendió nuestra bandera, tuvo su descanso eterno.
Nuestro abuelo nos solía contar toda una historia, anécdotas de gauchos patriotas que habían defendido con honor y gloria y que hoy no están en el bronce.
A lo lejos del camino se divisaban los majestuosos cerros verdes ocres, apuntando al cielo bondadoso y brillante.
La hojarasca había quedado del pasado invierno, parecía toda una alfombra tejida por la maravillosa naturaleza, que nos invadía nuestro ser y sentidos aquel olorcito tan particular y preciado.
Los ceibos, los jacarandaes y lapachos ya comenzaban a pespuntear sus brotes galantes como un joven.
Los pájaros, reinamoras, jilgueros y gorriones parecían festejar nuestra presencia que nos saludaban con su trinar y aleteos, pues nos guiarían también felices hasta el chirriar de aquel portón.
Mi abuelo, un hombre rudo pero muy sabio, se ocupaba de las tareas propias de campo, había venido una vez de muy lejos, de Bilbao (España), de un mundo tan distinto a forjar una vida de trabajo y amor.
Mi abuela casi lo mismo que él, lo había conocido en su tierra natal; entonces los dos atravesaron el Atlántico y que se acompañarían hasta el resto de sus vidas.
Y hoy cuando la memoria vuelve para alcanzar aquella distancia, aquel tiempo de recuerdo se atesora y se ama.
Y estamos quizás en el camino seguros o tal vez no, con luces y sombras.
Vuelve a ver imágenes de aquellas personas tan sabias: los abuelos, que nos enseñaron la bondad, la perseverancia, el respeto y la fortaleza para los tiempos algunas veces tan difíciles de la vida.
Hoy rindo homenaje a través de este sencillo caminar a estas personas que me enseñaron los valores, la verdad, el respeto y el sentido de la vida.
Y mantengo para siempre la lámpara encendida del amor y el coraje de transmitir todo lo que me enseñaron.

Mercedes Yolanda Farías
DNI. 11.539.871
Asociada Nº 3853

 
Virgencita Gaucha

Del Valle con tus jinetes fervorosos
llegas a Salta, virgencita gaucha.
De la Pedrera y la Caldera
con tu poncho bendito
a lucirlo con sus caballos pavorosos.

De Vaqueros, Rosario de Lerma y la Ciénaga
a traer gracia, fe y caridad.
Y tus gauchos embanderados
con tu

Virgen gauchita, protégelos siempre
por las sendas de su labor,
bendícelos en sus caminos del atardecer.
Guíalos siempre hasta sus cimientos.
Y pon en sus corazones la fe
de un nuevo amanecer.

Mercedes Yolanda Farías
DNI. 11.539.871
Asociada Nº 3853

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