No escuchan tu voz
ni el ritmo de tus pies,
tus sonajas y flautas
que invitan a la danza,
al amor y las agonías
donde se consumen los cuerpos.
¡Oh luna!
Protege el vuelo
de la paloma nocturna,
la luz ciega
que atraviesa el bosque
y las constelaciones frías.
Todo amor es ardua espera
alta vigilia de sueños fugitivos.
(*) Poemas extraídos del libro “Transiciones”
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