Pasaje San Lorenzo esq. Defensa - Algunos dichos, curiosidades y cambios Por el Arq. Cristofani, Guillermo L.
En el 380 del Pasaje San Lorenzo, sobre una callejuela de adoquines quieta y rodeada de casas viejas, acomodadas y completadas de cualquier manera, se encuentra una de las construcciones más angostas que conserva Buenos Aires conocida como “la casa mínima” o “del Líberto”.
Siendo un gran misterio su origen, se intenta develar si fue construida en un lote de 3,00 mts de frente con un ancho interno libre de 2,20 mts para dar alberge a algún habitante o bien quedó como rezago de una construcción lindera.Evaluando esto, una de las primeras hipótesis nos dice
que fue el resultado de un error matemático en la conversión de las medidas del proyecto, de varas españolas a metros, obteniendo una diferencia de escalas y generando por error la casa mínima.
Otra alternativa y teniendo en cuenta el folklore barrial fomentado por el turismo, se dice que dicha vivienda fue construida para ser habitada por un esclavo líberto. Provenientes en su mayoría de las zonas costeras o centro costeras de África, comenzaron a llegar a la Ciudad del Plata en cantidades a comienzos del siglo XVII, radicándose la gran mayoría en la zona de la periferia sur del centro, hoy el Barrio de San Telmo. Eran adquiridos en duras condiciones por las familias de clase alta que ocupaban el casco colonial para realizar diversos trabajos, ya sea para la atención personal o el cumplimiento de tareas manuales o agrícolas como reemplazo de la mano de obra indígena, donde lo producido redituaba una buena ganancia para el amo, o como en el caso de las mujeres, que se las empleaba en tareas domésticas y se encargaban a veces de ofrecer en la plaza o a la salida de misa empanadas o fritos que hacían las señoras para lograr un ingreso.
De ahí que los esclavos vivieron en Buenos Aires la vida de sus amos y fueron tratados amablemente llegando a adoptar hasta su apellido.
Decretándose en 1813 la libertad de vientre y aboliendo definitivamente la esclavitud en 1856, la vida de los africanos liberados no fue fácil, ya que su nivel social era muy bajo. Su antiguo dueño le asignaba, dentro de su propiedad, un pequeño y reducido espacio en el patio del fondo para que levantaran su vivienda de “hombre libre”, lo que muestra una estructura bastante flexible de funcionamiento social o al menos mucho menos rígido que la de otras regiones del continente.
Las construcciones resultantes eran espacios mínimos, generando viviendas de reducidas dimensiones. A su muerte, la propiedad de estos líbertos volvía a pertenecer a sus dueños originales los cuales modificaban sus características o las demolían, razón por lo cual quedan muy pocos vestigios de estas pequeñas viviendas.
Pero hay otra versión de la historia, de donde se desprende que esta finca perteneció a uno de los zaguanes de servicio de la construcción levantada a principio del siglo XVIII, y de la cual uno de sus ocupantes más prestigiosos fue la Familia Peña, ofreciendo un sello aristocrático al barrio, según la hipótesis de los Arq. Schávelzon y López Coria que surgen de su trabajo de excavación en 1995.
Ubicada sobre el gran lote de Defensa y San Lorenzo se levantó esta propiedad en 1835 luego de la demolición de las construcciones existentes y del relleno del terreno para renivelarlo. Poseía varios accesos y ventanas a ambas calles, con dos patios y un aljibe de pozo formando parte de tantas construcciones típicas del Virreinato. Respetó las pautas estéticas de la época colonial, donde sus habitaciones principales eran de ladrillo cocido asentados en barro y revoques de adobe y bosta blanqueados a la cal, y la parte de atrás de madera. La Familia Peña no vivió allí mucho tiempo, trasladándose hacia 1875 a la zona norte. El edificio rápidamente fue modificado. La parte posterior fue demolida para construir dos conventillos con acceso a la calle Defensa, mientras que la casa principal quedó subdividida en cuatro casitas de tamaño mínimo para la renta. La fachada se hizo prácticamente a nueva, salvo un pequeño sector de la vieja casa principal, el frente del 380, antes 66.
Con una fachada lisa y una puerta de dos hojas en el medio, pintada de verde con cerradura y falleba de hierro, y en el piso superior un balconcito de barrotes verticales de hierro con la vidriera de dos hojas, esta vivienda única en Buenos Aires, parece haber nacido sencillamente de un error o del olvido de sus habitantes, que encierran en su humilde y pequeño espacio un interrogante a tantas historias y fábulas de nuestra ciudad colonial.
Fuente de información: Centro de Arqueología Urbana Coord. Arq. Daniel Schávelzon y Arq. Pablo López Coda - Arqueología de Buenos Aires - Arq. Schávelzon - Diario Clarín Enero 1995 - Revista “Buenos Aires nos cuenta”, Barrio San Telmo, N° 3.